jueves, 19 de mayo de 2022

Modas

       En la actualidad paseando por las calles no es difícil ver a algunos hombres con aretes en las orejas; hace unos años, por una cuestión de estética se pusieron de moda esos adornos que mostraban una gran variedad de tamaños así como de los materiales de que estaban fabricados. La ubicación del arete también ofrece alternativas pues, aparte del lóbulo de la oreja, puede ir colocado a lo largo de todo el arco auricular. En el siglo XVII también había hombres que se ponían aretes... no había muchos pero se puede decir que esa escasez estaba bien fundamentada: en ese tiempo si un hombre lucía una arete (de oro, siempre) se podía decir, sin lugar a dudas, que estábamos ante una criatura valiente pues ese adorno significaba que era marino y que había doblado el Cabo de Hornos lo cual no era moco de pavo si tenemos en cuenta la embarcaciones de la época y los vientos que corren por aquella parte del mundo. Otra moda de nuestro tiempo es ir embozado. Muchos jóvenes, cuando el mercurio de los termómetros baja de los 20 grados, se encasquetan la capucha de la sudadera y se tapan orejas y nariz con esa prenda que muchos conocimos en la "mili" y que llamábamos bragas... algunos, además, bajo la capucha llevan puesta una gorra de béisbol y en éstos tiempos de pandemia tenemos que añadir la mascarilla; de tal guisa van atuendados que el otro día me saludó una criatura a la que respondí por puro civismo pues, aún hoy, soy incapaz de relacionar aquella voz con cara alguna... No creo que en pleno siglo XXI lleguemos a tanto pero conviene recordar que en el siglo XVIII estaba de moda ir embozado y que por unos recortes en las alas de los sombreros y en los vuelos de las capas se montó lo de Esquilache, pusieron a su majestad Carlos el tercero a los pies de los caballos y se decretó la expulsión de los jesuitas... Ahí es nada.

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